domingo, 10 de enero de 2010

ROMA: CONFLUENCIA DE FILOSOFIA Y RELIGIÓN

1. Cronología.
S. -II.       148. Macedonia se convierte en provincia romana.
S. –I.         44. Muerte de Julio César.
S. I.             0. Nacimiento de Cristo.

SS. II. III.  Alto imperio. Neoplatonismo: Plotino.

S. IV. V.   Bajo imperio. San Agustín (354-430).
476. Caída del Imperio romano de occidente.


2. Las escuelas filosóficas en el Imperio Romano
a) Durante el Imperio Romano se mantienen cuatro escuelas: platonismo, aristotelismo, estoicismo y epicureísmo. Las tres primeras desarrollan un proceso de sincretismo, con preeminencia del platonismo, dando por resultado el Neoplatonismo. La figura más importante del neoplatonismo fue Plotino (S. III)
b) La formulación de un pensamiento filosófico cristiano encontró en el neoplatonismo la corriente que le ofrecía más puntos de contacto. La culminación del platonismo cristiano se dio en Agustín de Hipona (354-430).


3. Dos raíces culturales: indoeuropeos y semitas. (ver lecturas “El Mundo de Sofía”)


4. Aportaciones del Cristianismo a la cultura greco-romana.
a) La fe cristiana y la Historia:
La filosofía griega había puesto a Dios en relación con el Cosmos, bien como Inteligencia Ordenadora (Anaxágoras, Platón), bien como Motor y Fin (Aristóteles). El Cristianismo pone a dios en relación con la Historia en un doble sentido:
Dios es providente (se ocupa directamente de los asuntos humanos, de la marcha de la Historia).
Dios entró en la Historia, se hizo hombre, convirtiendo a la historia de los humanos en Historia sagrada. El nacimiento, muerte y supuesta resurrección de Cristo, hijos de Dios hecho hombre, se constituye en el centro de la Historia, le da sentido y significación. (Nueva concepción lineal y progresiva de la historia).
b) Cristianismo y verdad:
La filosofía griega se había caracterizado por insistir en los límites del conocimiento humano.
Pluralidad de las escuelas filosóficas.
La doctrina cristiana se desarrolló en un sentido inverso a estos dos aspectos del pensamiento griego, y más tarde también romano, al afirmar la posesión de la verdad como Verdad revelada (de origen divino) y,  por tanto, absoluta e incuestionable.
c) Cristianismo y concepción de Dios:
Monoteísmo.
Creacionismo.
d) Cristianismo y concepción del ser humano:
Tres elementos en la concepción cristiana del ser humano: los humanos fueron creados a imagen y semejanza de Dios, el alma es inmortal y, al final de los tiempos, los cuerpos resucitarán. Esta última afirmación es contraria a la concepción griega del acontecer universal entendido como un proceso cíclico. (Nueva concepción lineal y progresiva de la historia).
La moral cristiana no es intelectualista: el pecado no es resultado de la ignorancia sino el producto de dos factores: la maldad humana que se inclina al pecado (la naturaleza humana es una naturaleza caída por el pecado original), la acción salvífica de Dios o gracia divina, y la libertad de los humanos que puede elegir salvarse o permanecer en el pecado. Esto da sentido a las ideas de “culpa” y “arrepentimiento”, “pecado” y “redención”.

5. Agustín de Hipona (354 – 430)

Representa la transición del pensamiento filosófico greco-romano a la filosofía cristiana medieval. Su filosofía es de inspiración neoplatónica.
El idealismo platónico considera posible el conocimiento de las verdades, que son eternas y absolutas. Rechaza a los sentidos como fuente del conocimiento, y, en consecuencia, la razón puede alcanzar sin límites a la verdad.
La filosofía cristiana de Agustín considera a la verdad como Verdad revelada por Dios. Razón y Fe coinciden en su búsqueda y contemplación. Serían dos caminos que se complementan y refuerzan mutuamente.
El platonismo de Agustín le lleva a reconocer la existencia de las ideas universales, como ideas que habitan en la mente de Dios. De esta forma concilia la convicción griega de un mundo ideal eterno y perfecto, con la existencia de un Dios que crea al mundo de la nada (ex nihilo)
Agustín desarrolla la idea de una historia lineal y progresiva, una historia en la que se desenvuelve el conflicto entre el bien y el mal, en la que se construye la Ciudad de Dios, en oposición a la ciudad terrena. La Ciudad de Dios tenderá a identificarse con la Iglesia como institución. Identificación cuestionada en el S. XVI por la reforma protestante.
SEMITAS E INDOEUROPEOS.
(Fragmento de: JOSTEIN GAARDER, El mundo de Sofía, Siruela, Madrid, 1994)

Jesús era judío, y los judíos pertenecen a la civilización semítica. Los griegos y los romanos pertenecen a la civilización indoeuropea. Por lo tanto, podemos constatar que la civilización europea tiene dos raíces. Antes de examinar más de cerca cómo el cristianismo se va mezclando poco a poco con la cultura grecorromana, veamos las dos raíces.

Indoeuropeos.
Por «indoeuropeos» entendemos todos los países y culturas que hablan lenguas indoeuropeas. Todas las lenguas europeas, excepto las ugrofinesas (lapón, finés, estoniano y húngaro) y el vascuence, son indoeuropeas. También la mayor parte de las lenguas índicas e iraníes pertenecen a la familia lingüística indoeuropea.
Hace unos 4.000 años los indoeuropeos primitivos habitaron las regiones alrededor del Mar Negro y del Mar Caspio. Pronto se inició una migración de tribus indoeuropeas hacia el sureste, en dirección a Irán y la India; hacia el suroeste, en dirección a Grecia, Italia y España; hacia el oeste a través de Centro-Europa hasta Inglaterra y Francia; en dirección noroeste hacia el norte de Europa y en dirección norte hasta Europa del Este y Rusia. En los lugares donde llegaron los indoeuropeos, se mezclaron con las culturas pre-indoeuropeas, pero la religión y la lengua indoeuropeas jugarían un papel predominante.
Esto quiere decir que tanto los escritos Vedas de la India, como la filosofía griega y la mitología de Snorri se escribieron en lenguas que estaban emparentadas. Pero no sólo las lenguas estaban emparentadas. «Lenguas emparentadas» también suele implicar «pensamientos emparentados», razón por la cual solemos hablar de una civilización indoeuropea. La cultura de los indoeuropeos se caracterizaba ante todo por su fe en múltiples dioses. A esto se llama politeísmo. Tanto los nombres de los dioses como muchas palabras y expresiones religiosas se repiten en toda la región indoeuropea. Te pondré algunos ejemplos.
Los antiguos hindúes rendían culto al dios celeste Dyaus. En griego este dios se llama Zeus, en latín luppiter (en realidad ley-pater, es decir, «Ley del Padre»), y en antiguo nórdico Tyr. De manera que los nombres Dyaus, Zeus, lov y Tyr son distintas variantes dialectales de una misma palabra.
Te acordarás que los vikingos del norte creían en unos dioses que llamaron aeser (los gigantes). También esta palabra utilizada para dioses se repite en toda la región indoeuropea. En sánscrito se llaman asura y en iraní ahura. Otra palabra para «dios» es en sánscrito deva, en latín deus y en antiguo nórdico tivurr.
Algunos mitos muestran cierto parecido en toda la región indoeuropea. Cuando Snorri habla de los dioses nórdicos, algunos de los mitos recuerdan a mitos hindúes relatados 2.000 o 3.000 años antes. Es evidente que los mitos de Snorri tienen rasgos de naturaleza nórdica, así como los hindúes tienen rasgos de naturaleza hindú. No obstante, muchos mitos tienen una esencia que debe proceder de un origen común. Una esencia de este tipo se aprecia sobre todo en los mitos sobre bebidas que hacen al hombre inmortal, y en los que tratan sobre la lucha de los dioses contra un monstruo del caos.
También en la manera de pensar vemos muchas semejanzas entre las culturas indoeuropeas. Un típico rasgo común es el concebir el mundo como un drama entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal. Por esa razón los indoeuropeos han tenido una fuerte tendencia a querer prever el destino del mundo.
Podemos decir que no es una casualidad el que la filosofía griega surgiera precisamente en la región indoeuropea. Tanto la mitología hindú como la griega y la nórdica muestran evidentes atisbos de una visión filosófica o especulativa.
Los indoeuropeos intentaron conseguir verdaderos conocimientos sobre el ciclo de la naturaleza. De hecho, podemos seguir una determinada palabra que significa «conocimiento» o «sabiduría» de cultura en cultura por toda la región indoeuropea. En sánscrito se llama vidya. La palabra es idéntica a la griega idé, que juega, como recordarás, un papel importante en la filosofía de Platón. Del latín conocemos la palabra video, que entre los romanos simplemente significaba «ver». (En nuestros días «ver» ha venido a ser una palabra equivalente a mirar fijamente una pantalla de televisión.) En inglés conocemos palabras como wise y wisdom (sabiduría), en alemán wissen (saber, conocimiento). En noruego tenemos la palabra viten, que tiene la misma raíz que la palabra hindú vidya, la griega idéy la latina video.
Como regla general podemos constatar que la visión era el sentido más importante de los indoeuropeos, pues la literatura de hindúes y griegos, iraníes y germanos ha estado caracterizada por las grandes visiones cósmicas. (Ves, ahí tienes la palabra otra vez: la palabra «visión» está formada precisamente a partir del verbo latino video.) Las culturas indoeuropeas se han caracterizado también por la tendencia a crear imágenes y esculturas de sus dioses y de lo que relataban los mitos.
Finalmente, los indoeuropeos tienen una visión cíclicaa de la Historia. Esto quiere decir que ven la Historia como algo que da vueltas, que avanza en ciclos, de la misma manera que las estaciones del año, lo que quiere decir que, en realidad, no hay ningún principio o fin de la Historia. A menudo se habla de mundos diferentes que surgen y desaparecen en un eterno intercambio entre nacimiento y muerte.
Las dos grandes religiones orientales, el hinduismo y el budismo, tienen origen indoeuropeo. También lo tiene la filosofía griega, y podemos observar muchos paralelos entre el hinduismo y el budismo, por un lado, y la filosofía griega por el otro. Incluso hoy en día tanto el hinduismo como el budismo están fuertemente caracterizados por la reflexión filosófica.
Ocurre a menudo que en el budismo y en el hinduismo se subraya lo divino como presente en todo (panteísmo) y que el ser humano puede lograr la unidad con Dios mediante los conocimientos religiosos. (¡Acuérdate de Plotino, Sofía!) Para conseguir esta unidad se requiere, por regla general, una gran auto contemplación o meditación. Por lo tanto puede que en Oriente la pasividad o el recogimiento sea un ideal religioso. También en la religión griega había muchos que opinaban que el hombre debe vivir en ascetismo, o retiro religioso, para salvar el alma. Diversos aspectos de los conventos medievales tienen sus raíces en ideas de este tipo del mundo grecorromano.
En muchas culturas indoeuropeas también ha jugado un papel básico la fe en la trasmigración de las almas. Durante más de 2.500 años el objetivo del hindú ha sido salvarse de la trasmigración de las almas. Recordemos que también Platón creía en esta trasmigración.

Los semitas.
Hablemos de los semitas, Sofia. Pertenecen a otra civilización con un idioma completamente diferente. Los semitas vienen originariamente de la península arábiga, pero la civilización semita se ha extendido también por muchas partes del mundo. Durante más de dos mil años muchos judíos han vivido lejos de su patria de origen. Donde más lejos de sus raíces geográficas han llegado la historia y la religión semitas ha sido a través del cristianismo. La cultura semita también ha llegado lejos mediante la extensión del Islam.
Las tres religiones occidentales, el judaísmo, el cristianismo y el Islam, tienen bases semitas. El libro sagrado de los musulmanes (el Corán) y el Antiguo Testamento están escritos en lenguas semíticas emparentadas. Una de las palabras para «dios» que aparece en el Antiguo Testamento tiene la misma raíz lingüística que la palabra Allah de los musulmanes. (La palabra «allah» significa simplemente «dios».)
En lo que se refiere al cristianismo, la situación es más compleja. También el cristianismo tiene raíces semíticas, claro está. Pero el Nuevo Testamento fue escrito en griego, y por consiguiente, la teología cristiana estaría, en su configuración, fuertemente marcada por las lenguas griega y latina y, con ello, también por la filosofía helenística.
Hemos dicho que los indoeuropeos creían en muchos dioses distintos. En cuanto a los semitas resulta también sorprendente que desde muy temprano se unieran en torno a un solo dios. Esto se llama monoteísmo. Tanto en el judaísmo como en el cristianismo y en el Islam, una de las ideas básicas es la de que sólo hay un dios.
Otro rasgo semítico común es que los semitas han tenido una visión lineal de la Historia. Con esto se quiere decir que la Historia se considera como una línea. Dios creó un día el mundo, y a partir de ahí comienza la Historia. Pero un día la Historia concluirá. Será el «día del juicio final», en el que Dios juzgará a vivos y muertos.
Un importante rasgo de las tres religiones occidentales es precisamente el papel que juega la Historia. Se cree que Dios interviene en la Historia, o, más correctamente, la Historia existe para que Dios pueda realizar su voluntad en el mundo. De la misma manera que llevó a Abraham a la «tierra prometida», dirige la vida de los seres humanos a través de la Historia y hasta el día del juicio final, en que todo el mal será destruido.
Debido a la gran importancia que los semitas atribuyen a la actividad desarrollada por Dios en la Historia, se han preocupado durante miles de años de escribir Historia. Precisamente las raíces históricas constituyen el núcleo de las escrituras sagradas.
Todavía hoy en día Jerusalén es un importante centro religioso para judíos, cristianos y musulmanes, lo cual también nos dice algo sobre las bases históricas comunes de estas tres religiones. En esta ciudad hay importantes sinagogas (judías), iglesias (cristianas) y mezquitas (islámicas). Precisamente por eso resulta tan trágico que justamente Jerusalén se haya convertido en una manzana de la discordia, en el sentido de que la gente se mata a millares porque no son capaces de ponerse de acuerdo sobre quién debe ostentar la soberanía en la «ciudad eterna». Ojalá las Naciones Unidas lleguen algún día a convertir Jerusalén en un lugar de encuentro de las tres religiones. (Por ahora no diré nada más sobre la parte práctica del curso de filosofía. Eso lo dejamos en su totalidad al padre de Hilde, pues supongo que ya te habrás dado cuenta de que él es observador de la Naciones Unidas en el Líbano. Para ser más preciso puedo decirte que presta sus servicios como Mayor. Si estás empezando a intuir cierta coherencia en todo esto vas por buen camino. Por otra parte, no debemos anticipar los hechos.)
Hemos dicho que el sentido más importante entre los indoeuropeos era la visión. Igual de importante es para los semitas el oído. No es una casualidad que el credo judío empiece con las palabras «¡Escucha, Israel!». En el Antiguo Testamento leemos que los hombres «escuchaban» la palabra de Dios, y los profetas judíos suelen iniciar su predicación con la fórmula «Así dice Jahvé (Dios)». También el cristianismo atribuye mucha importancia a «escuchar» la palabra de Dios, y los oficios de las tres religiones occidentales se caracterizan por la lectura en voz alta, o la recitación.
También he dicho que los indoeuropeos han construido siempre imágenes y esculturas de sus dioses. Igualmente típico resulta que los semitas hayan practicado una especie de «prohibición de imágenes», lo que significa que no está permitido crear imágenes o esculturas de Dios o de lo sagrado. De hecho, en el Antiguo Testamento se dice que los hombres no deben crear ninguna imagen de Dios. Esta prohibición sigue vigente hoy en día tanto en el judaísmo como en el Islam. En el Islam existe incluso una animosidad general contra las fotografías y artes plásticas, porque los hombres no deben competir con Dios en lo que se refiere a la «creación» de algo.
Sin embargo, dirás, en la Iglesia cristiana abundan las imágenes de Dios y de Cristo. Es cierto, Sofía, pero eso es justamente un ejemplo de la influencia del mundo grecorromano en el cristianismo. (En la iglesia ortodoxa, es decir en Rusia y Grecia, sigue estando prohibido hacer imágenes talladas, es decir esculturas y crucifijos, de la historia de la Biblia.)
Al contrario de lo que pasa con las grandes religiones orientales, las tres religiones occidentales resaltan el abismo entre Dios y su Creación. El objetivo no es salvarse de
la trasmigración de las almas, sino del pecado y de la culpa. Además la vida religiosa en estas religiones se caracteriza más por las oraciones, predicaciones y lectura de las escrituras sagradas que por la auto contemplación y meditación.

Fuente: http://www.xtec.cat/~asarbach/actius/filosofia%20II/Medieval/roma.doc

1 comentario:

  1. Interesantes confluencias, me ayudaron demasiado a entender la filosofia y la religion, gracias por el articulo

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