domingo, 3 de enero de 2010

PENSAMIENTO JAPONÉS Y TECNOLOGÍA

Jose Miguel Pérez Miró


Resumen

La amalgama confucianista y sintoista en Japón le ha proporcionado una forma de pensar y de afrontar los problemas cotidianos superior a otras culturas occidentales. Japón se ha convertido en un monstruo economico capaz de competir con los paises más ricos de la tierra gracias a un pensamiento que valora por encima de todo la leatad y el beneficio de la mayoria en detrimento de los pensamientos egoistas de occidente.


Abstract

The Confucionist and Sintoist mixture of influences in Japan has led to a superior way of thinking and confronting daily problems in comparison with other Western cultures. Japan has become an economic giant capable of competing with the wealthiest countries in the world due to a kind of mind that values loyalty and the majority benefice above all things in detriment of  the Western selfish mind.



¿Como es posible que un país cargado de tradiciones ancestrales, casi milenarias, haya sabido como nadie actualizarse de tal modo que consiguió ser en menos de 60 años la segunda potencia mundial?
Japón reúne las características necesarias para ser uno de los países más industrializados y tecnológicos que hay en este momento en el mundo. Sin embargo, año tras año sus jóvenes se bañan con agua helada para probar la mayoría de edad, sus calles se tiñen de colores y de vestidos tradicionales para celebrar ritos de adoración a la fertilidad, sus ciudadanos cuidan y respetan como nadie a sus ancianos, con una veneración que no es posible ver en ningún otro país.
Japón fue el país que más tarde dejo atrás la sociedad feudal medieval y se transformo en lo que podríamos considerar una nación moderna, y uno de los más tardíos en adoptar la democracia y los cánones «occidentales» de vida.
Pero, ¿ciertamente Japón se ha occidentalizado como parece y si no es así, como ha podido sobrellevar una transformación tal en el campo tecnológico sin abandonar su esencia cultural?
La occidentalización ha sido muchas veces entendida como una imposibilidad de adoptar la tecnología occidental sin asumir también la cultura propia de Occidente, es decir, la Cristiandad, o mejor dicho, los valores éticos cristianos. El problema de China fue que consideraron que esto no era admisible y decidieron no asumir ninguna de las dos, por esta causa China ha tardado tanto en subirse al carro de la modernidad, entendiendo esta como una apertura al mercado financiero y tecnológico occidental.
Sin embargo, en Japón esto no se entendió así, y la decisión de cambiar de modo de vida, de reglas morales se dejo a cada individuo y no se tomo en grupo, como sociedad. Por lo que podemos decir que efectivamente Japón no ha sufrido una «occidentalización» más allá de ciertas tendencias en moda y en ciertas costumbres, que para nada afectan a la esencia de la cultura japonesa.
Y ¿cómo han logrado esta extraordinaria asimilación de la tecnología en todos los aspectos de su vida sin perder su identidad como pueblo y respetando sus tradiciones y pensamiento tan característico?
El 2 de Septiembre de 1945, en la bahía de Tokio y sobre el acorazado Missouri, uno de los bombardeados en Pearl Harbor, se firma la rendición del Japón, y el Emperador Hiro Hito renuncia al carácter divino de su poder.
Este paso se produce como consecuencia directa de las bombas atómicas detonadas por los estadounidenses en Hiroshima y Nagasaki, con el fin de demostrar la superioridad bélica americana a la japonesa, en esos dos ataques murieron miles de personas, y con ellas murieron también la creencia en el pueblo japonés invencible y en la divinidad del emperador.
Desde septiembre de 1945 hasta la implementación del Tratado de paz de San Francisco en la primavera de 1952, Japón se encontraría bajo una ocupación aliada al mando del General Douglas A. MacArthur, el cual, seria el artífice de la rápida recuperación de un Japón en ruinas y del crecimiento económico más rápido que se haya visto nunca.
Los primeros pasos del SCAP (Supreme Commander of Allied Powers)  consistieron en echar abajo los pilares militares del antiguo Estado. Las fuerzas armadas fueron desmovilizadas, las organizaciones nacionalistas prohibidas y centenares de individuos, clasificados por categoría o rango, purgados o destituidos de los puestos más altos. Un Tribunal Internacional para el Extremo Oriente comenzó a actuar con el fin de determinar las responsabilidades en las acciones de guerra. Siete hombres, entre ellos el primer ministro, el General Tōjō, fueron sentenciados a morir en la horca y otros 16 a cadena perpetua.
El Shinto estatal fue desautorizado; el día del año nuevo de 1946, el Emperador renunciaría a su condición divina mediante una proclama en la que explicaba que los lazos que le unían a su pueblo no se fundamentaban en semejante falacia.
El SCAP da un paso fundamental en 1946 en lo que seria el logro mayor de su programa, y un avance en la conversión del Japón en un gigante económico. Convertir a los arrendatarios agrícolas en propietarios.
Una serie de comisiones catastrales con representación de propietario, terrateniente y arrendatario seleccionó tierras adecuadas para su compra y reventa a arrendatarios idóneos. Las tierras se compraron y vendieron a unos precios pre-inflacionarios tan favorables a los compradores que, cuatro años después, la mayoría de ellos ya habían liquidado sus deudas.
Las nuevas técnicas agrónomas y la política proteccionista frente a las importaciones generaron una gran prosperidad rural en todo el país. Tanto es así, que aún hoy el General MacArthur es considerado como un libertador en el ámbito rural japonés.
Estas nuevas técnicas en la agricultura para aumentar la producción, lógicamente, produjo un exceso de trabajadores lo que trajo como consecuencia una necesaria migración de las zonas montañosas a las urbes, proporcionando la suficiente mano de obra en las ciudades para alimentar las monstruosas fabricas de productos tecnológicos que acababan de nacer, y que en la década de los ochenta subiría como la espuma.
El 25 de junio de 1950, algunos T-34 norcoreanos (de la Republica Popular de Corea) atraviesan el paralelo 38º, entrando así en el espacio aéreo de la Republica de Corea, situada al Sur. Con esta acción se da por iniciada la Guerra de Corea (1950-1953). Los americanos se dan cuenta rápidamente de la importancia estratégica que Japón podía ocupar en el conflicto, al estar separado de Corea por sólo 2160 kilómetros. El país del Sol Naciente se convertirá así en «el baluarte del mundo libre contra la amenaza comunista en Oriente». El tratado de San Francisco nace de estas necesidades, ya que en 1951 se están produciendo las mayores derrotas americanas en dicho conflicto: Japón conquista su independencia pero se presta a ayudar a los americanos en el conflicto.
La Guerra de Corea constituirá un verdadero y autentico «don del cielo», ya que gracias a ella la economía del país consigue ventajas enormes, esto unido a los amplios cambios impuestos por la ocupación terminaron convirtiendo a Japón en una sociedad capitalista, de clase media.
Una vez libre para acceder a las materias primas y al mercado mundial y habiéndose librado de la carga de las colonias (ya que tuvo que renunciar a ellas en el Tratado de 1951), Japón parecería haber logrado sus objetivos sin necesidad de mantener un pesado aparato militar. Es sin duda el principal beneficiario del sistema comercial de posguerra y el mayor productor mundial de un artículo tras otro, desde automóviles, pasando por electrodomésticos, hasta circuitos integrados, hitos cada uno de ellos de un estadio particular de desarrollo industrial y económico.
Durante los años de preguerra, los productos japoneses solían ser el ejemplo del artículo barato y mal acabado pero los avances tecnológicos los convertirían en paradigmas de la fiabilidad y la mejor calidad. Hacia la década de 1980, Japón ya se había constituido en el primer o segundo socio comercial de los países más poderosos de Occidente.
Si bien es cierto, que durante la ocupación aliada, la economía japonesa floreció como una bella flor de cerezo, los primeros años de andadura del nuevo gobierno japonés fueron como los de un recién nacido, con mucho potencial pero tambaleándose. Durante la década de 1960, el consumidor no sabía aún en qué gastar su dinero; la vivienda escaseaba y la mayor parte de los trabajadores vivían de madera modesta y bastante precaria. A raíz de la inadecuada política social del Estado, el ahorro personal se hizo imprescindible. Mediante ventajas fiscales se potencio esta estrategia y ello derivó en un índice de ahorro del 20% de los ingresos disponibles, capital que seria invertido y reinvertido por los bancos para alimentar el ciclo continuo de la expansión productiva.
Sin lugar a dudas todo esto ha sido posible gracias, principalmente, a los propios trabajadores japoneses. A todo lo largo y ancho de Japón, el trabajo mantuvo sus características positivas y nadie le haría ascos. Los trabajadores se sentían orgullosos de su desempeño y satisfechos de su papel, como lo demuestra el breve ritual de la preparación y dedicación previa a la apertura de las grandes tiendas o el elegante saludo de los controladores de metro a los trenes que parten cargados de pasajeros.
Los japoneses trabajaban más y tomaban menos vacaciones que los trabajadores de otros países. Y al haber prohibido durante muchos años los sindicatos y el derecho a la huelga, los japoneses adoptaron una forma curiosa de protestar ante las injusticias, trabajar el doble, llegándose a conocer esta forma de huelga como «huelga a la japonesa».
En 1954, el producto nacional bruto de Japón superaba apenas los 21.000 millones de dólares. En 1967 esa cifra se había multiplicado por tres. En 1980 llegó al billón, Japón contaba con la economía más productiva tras EE.UU. y la URSS, contribuyendo con el 10% de los productos y servicios mundiales.
Al suceder este despertar económico algunos hablaron de una segunda revolución industrial. Buscaron que había en común entre la dinámica económica asiática (China y Japón) y su cultura. Uno de los elementos que vieron era el pasado común confucianista y enseguida se pusieron todos a recuperar dicha herencia.
La hipótesis principal recaía en que el Confucianismo  había proporcionado una ingente cultura capital, útil e importante, para el éxito de la modernización del Asia Oriental.
El acento en el papel de una familia estable (sentimiento que se extendía a todo el pueblo) fue atribuido al pasado confucianista de estos pueblos, junto al respeto por la educación y por la sapiencia de los ancianos, un deseo de promover el bien común antes que la tendencia al individualismo desenfrenado, a una voluntad de trabajar duro, a la capacidad de no preocuparse de la gratificación inmediata, por promover en vez un aumento y un desarrollo futuro.
Pero, ¿fueron únicamente las características del pensamiento confucianista las que forjaron el carácter típico japonés y llevaron a ese pueblo a convertirse en un modelo a seguir en la mayoría de los aspectos de la vida?
Esta es una pregunta que podemos intentar responder a través de una visión más detallada de las características confucianistas y otras características propias del pensamiento japonés.
A partir de 1600 con el gobierno Tokugawa el Confucianismo sale de la sombra del Budismo y se impone en Japón como ideología.
Los Tokugawa usan una mezcla de Sintoísmo  y Confucianismo para lograr un gobierno estable y pacificar todo Japón, y no pueden usar el Budismo como ideología oficial al no poder confiar en ella, ya que en su tarea de unificar el país, no solo lucharon con otros señores feudales, sino también con los budistas. Los budistas mantenían en esta época la figura del monje-guerrero, y una vez que habían probado el poder de la vida civil y de dominar grandes cantidades de terreno, no querían volver a perder este saboreado poder «temporal».
Pero, ¿por qué no usar solo el Confucianismo? Sabían que el Confucianismo era una ideología fuertemente adaptada a la vida cultural en China, y no podían usar ciertos «dogmas» de dicha ideología en una cultura como la japonesa sin poner en peligro ciertos beneficios que otorgaba el Sintoísmo, como la adoración a la figura del Emperador, o la lealtad a una figura de poder, como lo era el Shogun.
¿Cuáles son los elementos centrales de la religión Sintoísta y del pensamiento del Confucianismo?
Para el Sintoísmo primero apareció una triada de Dioses Creadores,  y tras ellos una oleada de dioses que representaban las fuerzas germinadoras, y tras una sucesión de generaciones y desapariciones espontáneas, apareció una pareja divina destinada a generar muchas cosas y dioses de gran importancia. Fueron llamados el «Macho-que-invita» (Izanagi) y «Hembra-que-invita» (Izanami).
Estas dos deidades fueron enviadas a la tierra por orden de las deidades celestiales y bajaron a ella a través del “Puente Flotante del Cielo”.   Izanagi tanteo a través del espacio con su espada y las gotas de agua salada de la punta de su espada se coagularon en un islote llamado Onokoro.   Se casaron y se establecieron cada uno en un extremo opuesto del islote. Concibieron muchas cosas y deidades, el viento, las montañas, las islas del archipiélago japonés, pero el nacimiento de los dioses del fuego, hizo que la Diosa Madre muriera a causa de unas fiebres. Esta fue la primera muerte, y provoco los contrastes de luz y tinieblas, el orden y el desorden, etc.
Una de las diosas surgidas de la Diosa Madre fue la Diosa-Sol (Amateratsu). Y el hijo que esta tuvo con el Dios-Tormenta (Susanowo) tuvo a su vez un hijo. A este nieto (Ninigi)   se le mando al archipiélago japonés, buscando gobernar a estas islas y también hacer rendir pleitesía a los hombres.
En el siglo XVIII, los datos antiguos del Sintoísmo fueron recopilados con el propósito de confirmar el origen celeste de la raza Yamato   y perpetuar la historia de ese pueblo.
Se daba por supuesto por todos los habitantes del archipiélago japonés, y por los chinos igualmente,   que los Emperadores eran descendientes de los Dioses primigenios, de la Triada original, y de ahí obtenían el derecho de gobernar.
También en otra fuente fundamental de influencia del pensamiento chino, el Taoísmo, la cual, según el maestro Taoísta Tian Chenyang  está presente en todos los aspectos de la vida cotidiana china y el Libro del Tao es la raíz de la cultura china, donde también vemos ese espíritu de superioridad. El Tao Te King esta escrito en forma de ochenta y un consejos, «guías» prácticas espirituales, en la número veinticinco se nos dice lo siguiente:

«[…] Por esa razón, “El Tao es grande,
el cielo es grande,
la tierra es grande,
el rey también es grande.”
Esos son los cuatro grandes poderes del universo
Y el rey es uno de ellos. […]» (LAO TSE, 1998: 63)

El Confucianismo es considerado como la síntesis ultima del pensamiento chino. Mas que una religión es una forma de vida, una filosofía, que nos da normas diarias de conducta.

Promulga el Amor y el Respeto por los demás igual que otras religiones, ¿en que es diferente entonces de las demás?

Los confucianistas eran realistas empíricos. El mundo de los objetos, el nuestro, es real e independiente del de la mente y de los deseos del hombre, en contraste con la idea de vacío del Budismo o del Taoísmo, o de la idea de un mundo después de la muerte como en el Islam o el Cristianismo. Este mundo es el real, el resto son solo fábulas.

Respecto a la vida contemplativa afirma que no podemos ser todos monjes o poetas, hay que hacer pan y vino, transportarlo, venderlo, beberlo, comerlo y esto es tan importante como lo demás, ya que podemos encontrar cosas sagradas incluso en las cosas terrenas cotidianas.

Lo que convierte a Confucio en el padre del Confucianismo es que recoge de la tradición pasada la idea de Ren, que viene a equivaler a una especie de Noblesse oblige, y predica que esta virtud puede ser cultivada por todos. Hay que educar a todos sin importar la condición social, educar en familia, educar a la gente en una visión más realista del mundo enseñándoles las cinco virtudes clásicas.

La Justicia, el Civismo (específicamente el conocimiento de los ritos), la Sabiduría, la Confianza y la Piedad Filial devenían todas juntas en una Benevolencia o Sentido de Humanidad que es lo denominado Ren. Este sentido de humanidad no dependía del nacimiento para Confucio, sino del deseo de cultivar una vida propiamente humana. Esto es fundamentalmente lo que marca la diferencia con el confucianismo anterior a Confucio.

La Piedad Filial es para Confucio la virtud más importante. Ya que no solo es obediencia ciega a los miembros más ancianos y a cualquier autoridad, sino una verdadera consideración y respeto. Realmente es sentimiento reciproco de afecto y amor.

En segundo lugar de importancia estaría la Confianza, ya que sin ella, entendida aquí como honestidad no es posible ninguna relación social o familiar. Es mantener la palabra dada.

Durante el gobierno de los Tokugawa en el Siglo XVII la casta samurai era la casta aristocrática japonesa y el estudio estaba reservado solamente a ellos. Muchos sabiendo que iban a vivir bien con sus herencias, o viendo que esto ya no les reportaba prestigio social, dejaban los estudios, muchos de ellos pasaron a realizar estudios de medicina o se volvieron ascetas taoístas. Al avanzar el siglo y aproximarse la Restauración Meiji la casta de los mercaderes empezó a adquirir poder gracias a que el trabajo manual o de comercio estaba mal visto por los samuráis. Al controlar este aspecto de la sociedad disponían del dinero necesario para hacer lo que deseaban. Y empezaban por desear la misma educación para sus hijos que recibían los samuráis. Existían escuelas privadas, frecuentemente en casa del propio maestro, que ofrecían estudios confucianistas y que poco a poco añadieron a sus enseñanzas escritura e investigación científica.

Con la incorporación de más y más diversos alumnos las miras de los discursos filosóficos se ensancharon y la distinción entre filosofía y cultura popular empezaba a ser más oscura en tanto en cuando los estratos sociales se enredaban.

Pero, ¿es nueva la táctica de aprovechamiento de las tecnologías occidentales? Ni mucho menos ya que ésta se había dado en Japón un siglo antes de la marcha de los americanos del archipiélago aunque con otras consecuencias mucho más graves.

Una vez que los Tokugawa perdieron el poder comienza la época de la Restauración Meiji (1852-1912), una época de desarrollo y de apertura para Japón.

La idea era mantener la cultura confucianista como esencia de la civilización oriental pero usando la tecnología occidental para hacer el país rico y fuerte.

Mandaron a sus estudiantes a recorrer otros países con una advertencia oficial, que recogieran todo lo bueno, pero que nunca se quedaran con los defectos occidentales. El lema oficial era “Espíritu Japonés, Tecnología Occidental”. Debían mantenerse firmes en cuanto a sus valores espirituales, se marchaban con una seguridad tal en sus propios valores que se volvían impermeables a los valores «decadentes» del espíritu occidental. Su auto confianza no parecía conocer límite, algo que en la II Guerra Mundial les traería las mayores desgracias que un pueblo puede sufrir.

Nos encontramos en la historia de Japón con un paralelismo entre la época Meiji y la época actual. En las dos se produjo una apertura al mercado internacional, con un aprovechamiento de lo que ellos han considerado bueno, pero sin permitir que ciertos valores arraiguen en su cultura, manteniendo sus raíces limpias.

Por lo que podemos llegar a ciertas conclusiones en cuanto al modo en el que Japón afronta sus periodos de expansión económica y tecnológica.

La primera es que Japón ha repetido su historia pero sabiendo aprender de sus errores pasados los cuales le produjo cicatrices sociológicas que aun hoy resultan visibles en su población.

La segunda es que han demostrado que no hace falta un poderoso ejército para defenderse, en una sociedad capitalista el dinero es la mejor arma que un Estado moderno puede esgrimir, el mundo es de los soldados con traje de negocios.

Y la tercera y más importante, especialmente para todos aquellos que cultivan una forma de vida y siguen sus principios morales, es que Japón es un ejemplo real de cómo una filosofía puede proporcionar a un pueblo las herramientas necesarias para un desarrollo consistente y progresivo e influir decisivamente en su vida cotidiana.


BIBLIOGRAFÍA


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Fuente: http://www.uibcongres.org/imgdb//archivo_dpo1829.doc

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